Si existe un cultivo en Cuba donde las limitaciones del llamado Periodo Especial se hicieron sentir, fue en los cítricos. Exigente en fertilización, riego y pesticidas, esa rama agrícola sufrió un decrecimiento en su producción ante el abrupto corte de los insumos y la perdida del mercado en los países socialistas de Europa.
Apremiados por esa realidad, los agricultores de la provincia de Matanzas, con la mayor plantación de Cuba, vieron llegar a su campos a oficiales y soldados del Ejército Juvenil del Trabajo, quienes con una nueva concepción productiva y un uso racional de los recursos concentraron acciones en aquellas plantaciones más aptas para la producción, mientras un acuerdo de cooperación y mercadeo con empresarios foráneos permitieron de conjunto, resurgir la producción de cítricos desde una aparente ruina.
Satisfacer las necesidades esenciales a más de SEIS MIL trabajadores no deja de ser un reto para cualquier entidad en cualquier lugar del planeta, obstáculo que los cubanos enfrentaron con inteligencia.
Extendidos por miles de hectáreas, los campos de cítricos en la cubana provincia de Matanzas exigen una atención agrotécnica, donde la labor conciente de los hombres y mujeres que allí laboran es la clave del éxito. Condiciones de vida que dignifican la labor de los trabajadores, un sistema de estimulación salarial y material, con una red de tiendas internas donde se pueden adquirir en condiciones ventajosas infinidad de artículos, alimentos y productos de uso personal, actúan como un factor de impulso a la producción de cítricos, renglón que hoy tiene su principal destino hacia la industria y el mercado extranjero, con significativos ingresos utilizados en gran medida por el Cuba para financiar alimentos y otros productos para su población, donde a precios bajos se garantiza una canasta básica de alimentos para la totalidad de sus más de once millones de habitantes, algo inusual en otras latitudes.
Aferrarse como el naufrago a una tabla de salvación, no es una posición inteligente en términos económicos y eso lo saben quienes acometen la producción de cítricos en el sur de la provincia cubana de Matanzas, de ahí los esfuerzos por diversificar otras producciones junto al cultivo de los agrios. La siembra de papayas intercaladas entre las plantaciones de naranjas y toronjas, la cría de ganado usando el desperdicio industrial de los cítricos, la instalación de casas de cultivos protegidos y el fomento de campos de mangos y aguacates en áreas no aptas para los agrios, son una realidad que hoy vive la agricultura citricola de Matanzas, lo que abre muchas posibilidades de mercado interno y foráneo, permitiéndole sortear los vaivenes actuales de la economía mundial y haciendo realidad el viejo proverbio: cuando una puerta se cierra, otras se abren, de ahí la fortaleza de esos agricultores cubanos.
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