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KENNEDY, CONSPIRACIÓN EN HAMBURGO

En ocasión de conmemorarse este 22 de noviembre, 46 años del asesinato en la ciudad de Dallas del presidente norteamericano J.F. Kennedy, !Verdades de Cuba! reproduce el artículo publicado por Granma Internacional en enero de 2006, donde se ofrecen detalles de aquella conspiración.

Kennedy, conspiración en Hamburgo

Por: Gabriel Molina

J.F. Kennedy, asesinado en la ciudad de Dallas el 22 de noviembre de 1963

J.F. Kennedy, asesinado en la ciudad de Dallas el 22 de noviembre de 1963

Uno de los objetivos colaterales del asesinato del presidente John F. Kennedy, fue el de aniquilar a la Revolución Cubana.
Mas ese fin no fue logrado y es la secreta razón para que cuarenta y dos años después la conspiración continúe. Casualmente, la última maquinación coincide con el anuncio de la posible liberación del terrorista Luis Posada Carriles y viene de rebote desde Alemania: “Hamburgo, 3 ene (DPA). — Un documental de la televisión pública alemana ARD, responsabiliza al servicio secreto cubano del asesinato del presidente estadounidense John F. Kennedy, en Dallas, Texas”.
Wilfried Huismann, director del documental, es el instrumento de turno que afirma, según la agencia alemana: “Fue la venganza de Castro por el intento de la CIA de asesinarlo con un bolígrafo envenenado”.
No es esta una acusación despreciable. El estremecedor magnicidio tuvo tanto impacto en el mundo que aun hoy, cuando se evoca, alguien pregunta dónde estaba entonces cada uno.
Por mi parte, estaba en el pintoresco restaurante La Pecherie, en el puerto de Argel, y me disponía a degustar los excelentes caracoles de la casa, el 22 de noviembre de 1963, con Helen Klein, la norteamericana jefa de prensa del presidente Ahmed Ben Bella. De repente conocimos la terrible noticia.
¡El presidente Kennedy ha sido asesinado!.. —Ahora van a culpar a Cuba, le dije inmediatamente.

– No exageres, me contestó.

Rápidamente nos fuimos a la agencia Prensa Latina, situada en 26, Rue Claude Debussy, donde me desempeñaba como corresponsal, para tener más información. Allí confirmé cómo las emisiones repetían que el Gobierno cubano era acusado por el magnicidio. Sorprendida, Helen me preguntó cómo lo había adivinado.

– No soy adivino -le expliqué-, Cuba es para Estados Unidos la causa de todo lo malo. Un poco por histeria y otro poco porque están buscando un pretexto para tratar de aplastarnos.

Sin embargo, pocas horas más tarde, la acusación desapareció del aire con la misma rapidez con que había entrado. En aquel momento todo quedó en el misterio.
Quince años después, en Washington, por enésima vez flotaba la misma acusación en el ambiente. El Comité Especial para investigar los asesinatos de John F. Kennedy, de su hermano Robert y de Martin Luther King, manejaba las muchas teorías sobre el asesinato del Presidente de Estados Unidos. Nuevamente flotaba en los medios masivos el intento de levantar sospechas sobre el Gobierno de Cuba.
Un periodista de Washington, muy ligado al FBI, confidencialmente me reveló que la versión partió originalmente de la CIA, que distribuyó una nota en la cual se expresaba que Oswald había cometido el magnicidio por cuenta del Gobierno cubano. Agregó que el FBI hizo retirar la acusación de los medios de prensa.
Cuando le pregunté al veterano periodista por qué se había molestado el FBI en desautorizar a la CIA, explicó que consideraron a la iniciativa una irresponsabilidad que hubiese podido desencadenar consecuencias incalculables, como una Tercera Guerra mundial.
La primera investigación importante del asesinato fue realizado por la llamada Comisión Warren, la cual consideró esa acusación a Cuba y la desechó expresando que “no hubo tal conspiración.”
Sin embargo, a partir de 1967, la columna de Drew Pearson y Jack Anderson levantó nuevamente idénticas acusaciones. Los medios alzaban el tono apuntando hacia Cuba cada vez que surgían nuevas evidencias envolviendo al establishment, sobre que Oswald no había actuado solo. Es de notar que Anderson fue durante su carrera, al menos, muy cercano a la CIA. Fueron tantas las evidencias que el Congreso decidió crear un Comité Especial de su seno, presidido por el congresista afroamericano Louis F. Stokes, para investigar los asesinatos de John F. Kennedy, su hermano Robert y Martin Luther King. Tras más de un año de arduas investigaciones el Comité Stokes llegó a interesantes conclusiones.
Entre sus hallazgos figura en el Apartado C, acápite 2, “El Comité cree sobre la base de la evidencia disponible que el Gobierno cubano no estuvo envuelto en el Asesinato del presidente Kennedy”.
Tras pesquisas en EE.UU. y en Cuba sobre las causas del asesinato, se manejaron, entre otras, las intenciones del presidente Kennedy de normalizar las relaciones con Cuba, además de otras no menos importantes razones de política interna.

LA INMORAL COLUSION CIA-MAFIA

El Comité Especial llegó a la conclusión de que Carlos Marcello, Don de Nueva Orleans y parte de Texas; Santos Trafficante, de Florida, y James Hoffa, presidente del gremio de camioneros, “tenían motivos, medios y oportunidades para asesinar al presidente Kennedy”.
Trafficante era un objetivo vital en la lucha de la Administración de Kennedy contra el crimen organizado. Su nombre estaba entre los diez principales sujetos a investigar y combatir.
Cuando Robert Kennedy conoció de la inmoral colusión de la CIA con la Mafia, prohibió a los funcionarios involucrados recurrir a tales asociaciones sin informárselo. Pero ellos continuaron haciéndolo bajo la dirección de Richard Helms.
El informe del Comité expone que la posición de Trafficante en el crimen organizado, en el narcotráfico, y su papel como principal enlace de la mafia con figuras criminales dentro de la comunidad exiliada cubana, lo proveían con la capacidad de formular una conspiración para asesinar al presidente Kennedy, como lo hizo antes contra Fidel Castro.
El Comité establece que existió una posible conexión entre Trafficante y Ruby, especialmente en La Habana en 1959, cuando Ruby servía, de hecho, como correo de los intereses de la Cosa Nostra para trasladar fondos de la capital cubana a Miami. Cuba suministró pruebas.
Sin embargo, el Comité no pudo encontrar evidencias directas sobre si fueron ejecutores en el asesinato del Presidente tanto Trafficante como Marcello. La capital del imperio de éste último, Nueva Orleáns, se había convertido en un importante escenario de las conspiraciones terroristas. Allí iban personajes como Orlando Bosch, Luis Posada Carriles, los hermanos Guillermo e Ignacio Novo Sampoll, Eladio del Valle, Jorge Mas Canosa, Herminio Díaz y otros. En el mismo edificio donde se reunían. Oswald desarrollaba una actividad de engañoso apoyo a Cuba.

El Comité Especial confirmó también que estos terroristas de origen cubano conspiraron, como individuos para la comisión del crimen. Los mismos que se complotaron para atentar contra Fidel Castro, lo hicieron para asesinar a Kennedy. Poco antes de ser asesinado, John Roselli dijo al columnista Jack Anderson que cubanos de la banda de Trafficante habían participado en el magnicidio.
En el informe se admite que “los anticastristas estaban “frustrados, amargados y coléricos” y la dirección de sus resentimientos la enfocaban contra Kennedy, quien en los días de su muerte había encargado a William Atwood discutir con representantes cubanos en Naciones Unidas sobre la posibilidad de normalizar las relaciones. El delegado cubano en esas conversaciones fue Carlos Lechuga, entonces embajador en la ONU. El asesor de seguridad de Kennedy, McGeorge Bundy, manifestó que el Presidente quería para cuando regresase de Dallas, un informe sobre la marcha de esas pláticas. Aún después de muerto, su hermano, Roberto Kennedy, trató también de suprimir las medidas contra Cuba, pero el nuevo presidente, Lyndon B. Jonhson, lo impidió.
El Comité Stokes confirmó que los contactos de Oswald en Estados Unidos eran contrarrevolucionarios de origen cubano y optó por analizar abiertamente estos aspectos que no investigó la CIA, confabulada con los cubanoamericanos. Decidió examinar con rigor a los grupos que, aparte de estar motivados, tenían la capacidad y los recursos como para mezclarse en el asesinato.
Existían muchas organizaciones terroristas en el período comprendido entre el triunfo de la Revolución Cubana y el asesinato de Kennedy. Pero se determinó que en dos de ellas pudiera haber existido una conexión con Oswald: Alpha 66 y la llamada Junta Revolucionaria Cubana (JURE).
El Comité Stokes escuchó el testimonio de Marita Lorenz, una hermosa espía reclutada por Frank Sturgis, quien relató un encuentro que presenció en Miami, en casa de Orlando Bosch y en el que participaron Pedro Luis Díaz-Lanz y Oswald, planeando un viaje a Dallas. Agregó que el 15 de noviembre ella viajó a esa ciudad en dos autos con Bosch, Sturgis, Díaz-Lanz, Oswald, Gerry Hemming y los hermanos Novo Sampoll. En las habitaciones del hotel donde se alojaron había varios fusiles y recibieron la visita de Ruby, más tarde ejecutor de Oswald. Más recientemente Lorenz dijo que allí Howard Hunt (Eduardo para los cubanos) entregó dinero a Sturgis el 21 de noviembre para una operación que no le dijeron cuál era y regresó a Miami 2 ó 3 horas después del atentado.

PHILIPS, PROTAGONISTA DEL TRABAJO SUCIO

Antonio Veciana, fundador de Alpha 66, declaró al Comité que dentro del contexto de sus actividades contra el Gobierno de Cuba, se entrevistó en muchas oportunidades con un oficial de la CIA que dijo llamarse Bishop. Y que en agosto de 1963, en Dallas, Texas, éste hizo contacto con él en un edificio de oficinas, en compañía de una persona, a quien identificó después de la muerte de Kennedy como Lee Harvey Oswald.
Más tarde Veciana confesó al escritor Gaeton Fonzi que el nombre del oficial Bishop era David Atlee Philips, quien trabajó en La Habana para la CIA con fachada de empresario en Humboldt 106 apartamento 502.
Atlee Philips-Bishop fue desde 1960 jefe en Miami de los aspectos propagandísticos de la invasión de 1961 contra Cuba, junto a Howard H. Hunt, principal organizador del Watergate. En 1954, ambos dirigieron la conjura para derrocar al Gobierno de Arbenz, en Guatemala. La seguridad cubana confirmó esa identidad de este oficial CIA, quien organizó los grupos terroristas cubanoamericanos que aún chantajean al Gobierno de Bush y tratan de excarcelar a Posada Carriles y sus cómplices.

Uno de los miembros del grupo JURE, Silvia Odio, testificó en 1964 ante la Comisión Warren, que un hombre al que ella identificó a través de los medios masivos como el Oswald que mató a Kennedy, visitó en Dallas su apartamento, en septiembre de 1963, en compañía de otros dos latinos. Agregó que los dos hispanoparlantes le dijeron ser miembros de JURE.
Uno de ellos le dio el nombre de Leopoldo y tenía acento cubano. El otro, Angelo, parecía mexicano. El tercero se presentó con el nombre de León Oswald y era, para ella, Lee Harvey Oswald. La Seguridad Cubana identifica a los acompañantes de Oswald como los hermanos Novo, poseedores de una larga lista de asesinatos y otras acciones terroristas.
Silvia declaró lo mismo al FBI y agregó que dos días más tarde, el tal Leopoldo la volvió a llamar y le expresó que, según León, ellos debían haber matado a Kennedy después del fracaso de la invasión por Bahía de Cochinos. Dos meses después Kennedy fue asesinado.
Las conclusiones del informe fueron que “las declaraciones de Silvia son aún creíbles y más cuando ésta sostuvo insistentemente, después de quince años, sus mismos argumentos”.
Ese mismo día prestó testimonio Nicholas Katzenbach, ex secretario de Justicia de la Administración de Johnson, quien hizo alusión a pugnas internas y a malas relaciones entre el FBI y la CIA durante la época de la investigación.

RICHARD HELMS CONFESO QUE LOS ASESINATOS DE LA CIA ERAN “ACCION POLITICA”

Al día siguiente, 22 de septiembre, el ex director de la CIA, Richard Helms, provocó indignación en algunos congresistas y asombro en la mayoría, al comparecer durante siete horas ante el Comité Selecto para responder a las indagaciones sobre la efectividad de la investigación hecha por la CIA después del asesinato, y si suministró a otros la relevante información que tenía. En el momento del asesinato de Kennedy, Helms era jefe del Servicio Clandestino de la CIA, el presidente Johnson lo nombró subdirector de la CIA un año después. Y director en 1966.
El congresista Christopher J. Dodd preguntó si la Comisión Warren fue informada de los intentos de asesinato contra Fidel Castro, y se mostró airado por los contactos del crimen organizado y la Agencia.
Helms respondió que solamente se informaba a la Comisión Warren de los asuntos por los que preguntaba.
Ante la insistencia de los congresistas, dijo que las actividades contra la Revolución Cubana incluyeron intentos de volar plantas eléctricas y centrales azucareros, incendiar campos de caña y múltiples tipos de acciones terroristas. Añadió que esta era una acción política de la que no se podía culpar sólo a la Agencia, pues el Presidente, el Pentágono, el Departamento de Justicia, el de Defensa, el de Estado y el Consejo de Seguridad Nacional, tenían pleno conocimiento de los planes y los aprobaban.
De alta estatura, pelo entrecano de amplias entradas y maneras cultivadas, con su traje oscuro bien cortado, camisa blanca de tenues rayas azules y corbata oscura, Helms enfrentó a sus interrogadores con gran aplomo y trazas de buen humor. Su distinguido aspecto no hacía fácil pensar en el hombre que desde su despacho daba las órdenes de asesinar. Fríamente, con asepsia, se refería a los criminales intentos en complicidad con los matones de la mafia.

LOS CONTACTOS DE OSWALD CON LA CIA DATAN DE 1960

Otro de los documentos sobre los que fue interrogado se refería a que los primeros contactos de la CIA con Oswald, aun cuando informaron a la Comisión Warren que no habían tenido ninguno, se remontaban a 1960. Uno de los memorándums de la CIA presentado, expresaba que Allan Dulles, a pesar de ser miembro de la Comisión Warren, aleccionaba a sus subordinados sobre cómo esconder las relaciones de la CIA con Oswald.
Helms contestó estos aspectos evasivamente.
Tres días antes, Thomas J. Kelley y James J. Rowley, inspector y jefe, respectivamente, del Servicio Secreto encargado de la protección del Presidente, sorprendieron a toda Norteamérica al declarar que a pesar de que el FBI y la CIA poseían información sobre Oswald, el Servicio Secreto no la conoció.
“De otro modo hubiésemos sabido lo que hacíamos el día de la muerte del presidente Kennedy”, dijeron Kelley y Rowley a los integrantes del Comité Selecto.
Estos y otros hallazgos hicieron al Comité llegar a la conclusión de que hubo falta de cooperación y coordinación entre las distintas agencias del gobierno; que el Servicio Secreto fue deficiente en proteger al Presidente y en analizar la información que poseía. Incluso que no contaba con personal suficiente para una protección adecuada.
En el acápite 5 se afirma que no estuvieron envueltos el Servicio Secreto (de la presidencia) ni el FBI ni la CIA. Pero los criticó por no haber analizado, investigado, usado ni intercambiado adecuadamente informaciones que poseían sobre las acechanzas alrededor del viaje de Kennedy a Dallas.
El informe recomendaba que el Departamento de Justicia continuase la investigación, pues se habían encontrado evidencias de una conspiración en la que participaban elementos de la mafia ítalo norteamericana y grupos mafiosos cubanoamericanos. No se expresaba que éstos habían sido históricamente manejados por la CIA, pero se insinuaba. Pues se hacía constar que no se había podido llegar a conclusiones definitivas al negarse la Agencia Central de Inteligencia a descodificar ciertas informaciones. Asimismo la CIA fue criticada por no haber investigado con rigor a estos grupos de origen cubano radicados en Miami.
También se tomó en cuenta para solicitar más investigaciones al Departamento de Justicia, el hecho de que las pruebas fílmicas y acústicas analizadas mostraban la posibilidad de una segunda persona en el piso desde donde supuestamente disparó Oswald y que probablemente hubo más de un tirador.
También se resaltó que el FBI tampoco investigó después del magnicidio la posibilidad de una conspiración y que la CIA fue deficiente, tanto antes como después del asesinato.
Además, la Policía de Dallas, como toda la población de Texas, sometida en esos días a una fuerte propaganda contra Kennedy, también se mostró incapaz de protegerlo. El ambiente contra Kennedy llegaba allí a extremos tales que la mañana de ese fatídico 22 de noviembre de 1963 se distribuyeron panfletos contra el Presidente.
El más agresivo fue publicado en un diario de Dallas como anuncio pagado a página completa, llevaba una foto de Kennedy y el texto era provocativo: “Buscado por traición: Este hombre es buscado por actividades traidoras contra Estados Unidos.”
Aún después del asesinato hubo serios descuidos al proceder al traslado de Oswald. Es elocuente la fotografía que muestra a los dos guardianes mirando hacia otro lado, mientras Ruby se acerca impunemente a disparar contra el acusado. Así murió la persona más indicada para dar a conocer los móviles y complicidades del atentado. Sin embargo, los oficiales actuantes ese día no fueron despedidos, sino que más tarde obtuvieron ascensos.

No solamente Veciana habló de las intenciones de la CIA para vincular al Gobierno de Cuba en el atentado. Resultó sospechoso para todo el mundo que desde antes del atentado, la CIA haya tratado de identificar a Oswald con la Isla y llegó hasta amenazar a la empleada mexicana del Consulado de Cuba en Ciudad de México, Silvia Durán Tirado, para que corroborase esta versión. La valiente mujer se negó.
Las acusaciones contra Cuba se mantuvieron vivas hasta que el Comité Stokes las desechó en 1978, después de realizar investigaciones en México y en La Habana, donde se entrevistaron con el presidente Fidel Castro. A las sesiones asistió como testigo el señor Eusebio Azcue, cónsul cubano en México, quien negó visa a Oswald semanas antes del magnicidio, a pesar de la ruda insistencia de éste. ¿Quién sabe lo que hubiese provocado esta visita?
Esta sesión nos hizo preguntarnos qué quería decir exactamente el presidente Kennedy, cuando confiaba a su colaborador Clark Clifford, poco después de la invasión por Playa Girón, Bahía de Cochinos: “Algo muy malo ocurre dentro de la CIA y quiero saber qué es. Quiero hacer mil pedazos a la CIA y esparcirlos a los cuatro vientos”.
El Comité Stokes en su informe final señaló que la CIA se negó a desclasificar ciertos documentos importantes. Cuando en una audiencia se interrogó a Frank Carlucci, subdirector de la CIA en 1978 y asesor nacional de Seguridad del presidente Reagan en 1987, éste declaró: “Vienen de fuentes altamente sensitivas y deben ser protegidas”.
Una de las más importantes e inquietantes pruebas halladas por el Comité Stokes, es la grabación descubierta en la Policía de Dallas, que deja oír cuatro disparos y no tres como estableció la Comisión Warren. Fortalece ese hallazgo la declaración de la esposa del gobernador Connally de que a éste lo alcanzó un segundo disparo y no el mismo que hirió en la garganta al Presidente, la bala mágica, como se hizo ver.

LOS CULPABLES MATERIALES E INTELECTUALES

El general Fabián Escalante, uno de los que investigaron el caso por la parte cubana, ha expresado que basado en informaciones de los archivos de la Seguridad, algunos testimonios y análisis de los hechos y antecedentes, se llegó en La Habana a conclusiones sobre los culpables, semejantes a las de otros investigadores: la CIA, la Mafia y los contrarrevolucionarios cubanos planearon y ejecutaron el hecho.
Agregó que estudiando las descripciones de testigos del crimen, especialmente expuestas por el ex fiscal Garrison, se presume que los expertos tiradores de origen cubano Eladio del Valle y Herminio Díaz, se encargaron de disparar, y escaparon después en una camioneta Nash Rambler. Y que el atentado fue realizado por dos grupos, uno bajo el control de Jack Ruby, y el otro por Frank Sturgis, más tarde jefe de los plomeros de Watergate.
Los participantes por parte de la mafia, continuó Escalante, fueron Santos Trafficante, Sam Giancana, John Roselli y en menor grado Carlos Marcelo y Jimmy Hoffa.
Entre los planificadores de la CIA mencionó, además de a David Atlee- Philips y Richard Helms, supervisor entonces de las operaciones anticubanas, al general Cabell, ex vicejefe de la CIA, Gerry Hemmings y otros altos oficiales.
El escándalo provocado por las investigaciones, recogido en la prensa de todo el mundo, hizo declarar a la dirección de la Agencia Central de Inteligencia que desclasificaría la mayoría de los documentos, con lo que consiguieron acallar las protestas. Pero hacerlo hubiese sido autoincrimarse.

Imposibilitado de continuar con sus investigaciones, el Comité Stokes, al cumplirse en diciembre de 1978 el mandato del Congreso, hizo la atendible sugerencia de que el Departamento de Justicia continuase la línea investigativa hasta dilucidar el enigma.
Por eso a Carter no se le podía dejar reelegirse. Había que impedirlo con provocaciones como la de los asaltos a las embajadas que resultaron en el éxodo del Mariel. Por eso 27 años después de la investigación y 42 años después del asesinato, las Administraciones de Reagan, Bush, Clinton y Bush Jr., que debieron recoger ese guante, no movieron un dedo para colocárselo.
La más importante documentación sobre el magnicidio de Dallas se halla abovedada, en calidad de secreta, en los archivos de la CIA, el FBI y el Pentágono, y no será desclasificada hasta el año 2013.
En los años subsecuentes al asesinato, más de 22 personas involucradas en los hechos murieron de forma poco menos que misteriosa, entre ellos los principales protagonistas: Oswald y Ruby.
Desde 1963 la lista ha ido creciendo. A ese ritmo, difícilmente quedará vivo algún testigo. Y lo que es peor, no quedará vivo ningún culpable. Hoy el tenebroso secreto es transparente para todos menos para quienes lo tendrían que ver. Porque los protagonistas principales del magnicidio han adquirido una temible ascendencia sobre el Gobierno de Estados Unidos. El alemán Wilfried Huismann no es más que otro peón en este ajedrez. Por eso ignora maliciosamente estas fuentes. Con esa conspiración en Hamburgo se busca alejar la atención de los medios sobre Luis Posada Carriles para liberarlo. Porque si éste llegase a cumplir sus amenazas de decir todo lo que sabe, el Watergate de Nixon quedaría como un epifenómeno de poca monta ante la perversidad que se oculta.

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Una respuesta a “KENNEDY, CONSPIRACIÓN EN HAMBURGO

  1. jorge de la torre septiembre 26, 2010 en 3:56 am

    el tema es apasionante, pero por ahora sólo hay especulaciones y lo más cercano a una teoría, después de oir y leer tanto sobre ese penoso asesinato es que la mafia de ee.uu. fue quien planeó y ejecutó el magnicidio. se dice que fue trafficante el “gerente ejecutivo” del proyecto. lo que se percibe como muy insistente es que los cubanos-castristas hacen una defensa y denuncia a ultranza para dejar establecido que el gobierno cubano no estuvo, nunca, involucrado en los hechos del tema. siendo simplista puedo invocar el dicho popular ” el que nada debe nada teme”, así que castristas no redunden en su defensa que ya suena aburrida. la mayoría de la gente buena y pensante, estoy convencido, pensamos que trafficante y sus asociados lo hicieron y que la cia miraba a otro lado cuando aquello ocurrió. queda en la ciudadanía estadounidense la obligación de exigir justicia. espero que esto último lo consigan.

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