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ELIÁN Y EL DERECHO A CRECER FELIZ

Con solo seis años,Elián fue centro de una disputa entre su padre y la mafia de Miami

Con solo seis años, Elián fue centro de una disputa entre su padre y la mafia de Miami

Con solo cinco años a cumplir, Elián había sido montado en una lancha de motor fuera de borda en un cayo cercano a la ciudad de Cárdenas, provincia de Matanzas.
Era inicialmente una disputa por hacer valer el incuestionable principio de la patria potestad y el derecho de familia.
De secuestro amañado de un niño, condenado en cualquier legislación, se convertiría en atentado contra todos los hijos, padres, madres, abuelos, tíos, hermanos y primos cubanos. La única imputación sería el haber nacido y vivir en la isla revolucionaria a la que los gobiernos de Estados Unidos le han hecho la guerra más larga y abarcadora de la historia moderna, sin declaración previa.
De consumarse impunemente, hubiera sido como reeditar la Operación Peter Pan, mediante la cual extrajeron del país más de 14 mil niños y adolescentes en la sexta década del siglo pasado, con el falso pretexto de la supresión de la Patria potestad, luego de una vil maniobra de elementos contrarrevolucionarios asociados con pastores católicos.
En suma, el hecho confirmaba la nocividad de la Ley de Ajuste Cubano, legajo responsable de un número desconocido de víctimas sepultadas en las aguas del Caribe, entre ellas menores de edad arrastrados por sus padres, llevados a una variante de boleta de entrada a Estados Unidos sin los ominosos trámites exigidos a los aspirantes a emigrar, de cualquier nacionalidad, menos a los procedentes de Cuba. .
Era, también, depararle al niño un futuro complicado e incierto, en un país vecino pero ajeno al suyo, obligarlo a crecer hablando en otro idioma y asistir a escuelas diferentes, viviendo bajo el abrigo de parientes distantes y no de sus abuelos y primos que lo vieron nacer, educarlo en diferencias sociales que lo marcarían negativamente para toda la vida, jugar a la ruleta rusa con su destino que podría ser como el de muchos obligados a esa vía cruxis.
Por eso cuando Juan Miguel González supo que su hijo Elián había sobrevivido al naufragio de la frágil embarcación y se hallaba en Miami, se negó rotundamente a negociar su derecho de padre por ninguna suma de dinero ni aceptaría discutirlo con ningún tribunal corrupto en esa ciudad. Solicitó al Gobierno cubano iniciar de inmediato los trámites de reclamación para el reintegro de su pequeño.
Con solo cinco años a cumplir dentro de unos días, Elián había sido montado en una lancha de motor fuera de borda en un cayo cercano a la ciudad de Cárdenas, provincia de Matanzas, llevado por su madre y el nuevo esposo de ésta, con otra decena más de personas, sin conocimiento ni autorización de su padre, en una aventura para salir ilegalmente del país, esperanzados los viajeros en acogerse a los beneficios de la ley asesina. Otro embarque más, como Juan Miguel sabía que sucedía y continúa ocurriendo con miles de cubanos de los que luego se dice que “escaparon de la tiranía comunista”
Eso había sido el 22 de noviembre de 1999. Avistados por patrullera cubana de Guardafronteras los balseros serían exhortados infructuosamente a regresar en vista del peligro del sobrepeso de la embarcación y del mal estado del tiempo. No se les interceptó ni se usó la fuerza, en cumplimento de la política cubana al respecto. No obstante, los vigilantes informaron vía telex y fax al Servicio de Guardacostas de Estados Unidos, de acuerdo con las prácticas de cooperación habituales.
Tres días después se conoció que la diminuta nave había zozobrado cerca de las costas de La Florida y sólo sobrevivían una pareja de emigrantes hallada frente a Key Bicayne y el niño Elián Gonzalez Brotons, asido a un neumático en el litoral de Miami, recogido inicialmente por un humilde pescador.

DE BALSERO A NIÑO SÍMBOLO

La prensa amarilla de Miami alzó enseguida el mito del niño balsero, ávida de sucesos útiles a la ultraderecha mafiosa y a cierto público gozoso con tales noticias, envejecidos muchos de ellos en torno a un mesa de dominó en Calle Ocho vecina ciudad, a la eterna espera de la derrota de la Revolución cubana.
Juan Miguel González, los abuelos maternos y paternos de Elián y el resto de la familia cubana se mantuvo en sus posiciones iniciales .Querían al niño de vuelta a la Patria, sin condiciones previas, lejos de los escándalos de la mafia que deseaba hacer de él un instrumento de politiquería y enriquecimientos personales, victoria del “anticastrismo”, rehén del egoísmo y la vanidad cultivadas en aquella sociedad harta de consumismo y otros vicios enajenantes. .

LA HISTORIA POSTERIOR ES BIEN CONOCIDA.

Para llegar al momento del regreso transcurrirían seis arduos meses de reclamos, enfrentamiento a manipulaciones de la mafia anticubana, inconmovible firmeza de los verdaderos familiares, reiteración de argumentos legales ante las instancias judiciales de Estados Unidos, cientos de especialistas cubanos movilizados en apoyo de Juan Miguel González, millones de ciudadanos de la isla enarbolando ideas justas, incesantemente, sin un día de descanso,
El pueblo cubano se unió aún más en torno a la agredida familia cardenense, integrada por personas humildes, representada por el padre de Elián, simple trabajador gastronómico. Movió todos sus mecanismos persuasivos, políticos y diplomáticos, conquistó el corazón de millones de amigos en todo el mundo, incluido numerosos sectores de la opinión pública norteamericana y del propio gobierno de ese país, interesados en el respeto a principios y normas del sistema de justicia favorables al derecho de los progenitores sobre sus hijos.
Alrededor de 300 mil personas hicieron estremecer la capital de la República en la Primera Marcha del Pueblo Combatiente, el 8 de diciembre de 1999, frente a las oficinas habaneras de la SINA, dedicada a exigir la liberación del niño secuestrado en Estados Unidos.
Al siguiente día, se repetirían marchas gigantescas en tribunas abiertas en las más grandes plazas de las mayores ciudades del país. Era solo el comienzo de la gran batalla de ideas, que removió los cimientos de la sociedad cubana. Toda la Patria se alzó en defensa del porvenir de un niño inocente, batallando por su derecho a crecer y a vivir disfrutando las bondades y proyectos de un país libre, digno, justo y solidario.
El mundo tuvo una verdadera imagen de la Cuba que con tanto heroísmo se enfrenta al imperio y que no dejará de luchar, como fue proclamado entonces, hasta ver hecho realidades los compromisos del Juramento de Baraguá.
Elián es ahora un adolescente, militante de la Juventud Comunista, pero fue y será símbolo de la lucha de una pequeña nación por todos los niños pobres y sufridos del mundo.
Por: Frank Agüero
Fuente: Cubahora

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