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Estados Unidos: Apostando por el “clip”

Si algún “mérito” se le puede conceder a las administraciones norteamericanas en su empeño por derrocar a la Revolución Cubana, es saber adaptar sus estrategias de hostigamiento y subversión a los tiempos que corren.

En la década del 60 del pasado siglo se jugaron la carta de la violencia y la subversión interna y externa. Sabotajes, infiltraciones de armas y equipos, el fomento de una red de organizaciones contrarrevolucionarias, bandas de alzados y la invasión por Playa Girón son elementos de aquella historia, fracasada por la firmeza y dignidad del pueblo de Cuba que supo enfrentar a pie firme la embestida.

Paralelo con esa estrategia de terror y muerte, también apostaron por ahogar la economía cubana, con la peregrina idea de rendir a los cubanos por hambre y enfermedades imponiendo un férreo y obsesivo bloqueo económico, obstaculizando y persiguiendo cualquier transacción tecnológica, financiera o comercial con destino a la mayor Isla del Caribe.

Agrupados en las más disímiles organizaciones, muchas de ellas pantallas de la CIA, los norteamericanos desataron una ola de acciones con base desde el exterior, así embajadas, oficinas comerciales y representaciones cubanas en el extranjero fueron blanco del odio imperial, proceso que tuvo su punto más alto con la voladura en pleno vuelo en 1976 de un avión de pasajeros con 73 personas a bordo.

Otra nueva cara en la guerra sucia contra Cuba, fue el momento de la introducción de agentes patógenos y el fomento de los grupos de derechos humanos.

Desde laboratorios norteamericanos salieron los gérmenes de la fiebre porcina, el dengue hemorrágico, la conjuntivitis, el moho azul del tabaco, el trip palmi y otros patógenos que han hecho blanco en la salud de las personas, plantas y animales y que han obligado a Cuba a buscar recursos y medios para enfrentarlos.

La década del 80 marcó la aparición a nivel global del concepto de derechos humanos; fue bajo la administración Carter que el termino se acuño, surgiendo en Cuba los primeros grupos de la disidencia interna, autoproclamados defensores de esos derechos.

Conformado por una plantilla mínima de integrantes, pero amplificados en sus acciones por la prensa occidental, esa red de grupúsculos está marcada por su apego a la Oficina de Intereses de los Estados Unidos (SINA) en La Habana, devenida en cuartel general de la subversión.

Interesados más que nada en la paga, esos “disidentes” encontraron en Radio Martí y otras emisoras de la Florida una plataforma de difusión de sus ideas y aspiraciones, llenando el éter de mentiras y sobredimensionando sus acciones, siempre con los ojos fijos en el cheque con billetes verdes provenientes del norte.

Desprestigiadas, divididas entre sí y con ansias de protagonismo, esas organizaciones de disidentes han ido dando paso a nuevas formas de subversión, ajustadas a los tiempos que corren.

Las nuevas tecnologías y la guerra

En lo que se puede considerar como el primer acto en el mundo de la guerra cibernética, en la década del 80 la CIA introdujo un software defectuoso en el sistema de operación del nuevo gasoducto transiberiano que debía llevar gas natural desde los yacimientos de gas de Urengoi en Siberia a través de Kazajstán, Rusia y Europa oriental provocando grandes pérdidas a la entonces URSS, después llegó el conocido ataque cibernético a Estonia, que mantuvo fuera de servicio a los servidores de esa nación por casi un mes, dejando al pairo a la economía y los sistemas de defensa.

Bajo la administración de George W. Bush ese proyecto adquirió un notable impulso, cuando firmó una orden secreta en julio de 2002 que estableció directrices para determinar cuándo y cómo EE.UU. atacaría sistemas informáticos extranjeros.

En esa línea de acción, el entonces Secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, aprobó un plan de 74 páginas denominado “Operaciones de Información” donde se diseñan las ideas esenciales para desarrollar capacidades para una guerra cibernética. Casi 8 años después de su redacción, las secciones de guerra cibernética del plan de Rumsfeld siguen siendo secretas.

El general norteamericano de tres estrellas Robert J. Elder en declaraciones públicas definió el nuevo concepto de agresión cuando dijo “Hasta hoy hemos estado a la defensiva. El cambio cultural es que pasamos a la ofensiva y vamos a tratar al ciberespacio como un ámbito de combate (…).” Más adelante sentenció “Vamos a desarrollar, junto con las universidades, guerreros ciberespaciales que sean capaces de reaccionar ante cualquier amenaza las 24 horas del día, durante los siete días de la semana…”, de esa manera queda claro que los EE.UU están en el camino de la ciberguerra contra aquellos que consideran sus enemigos o potenciales adversarios.

La USAID y la guerra cibernética contra Cuba

La Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, conocida por sus siglas en inglés USAID, es una dependencia del Departamento de Estado y canal para enrumbar finanzas hacia proyectos de desestabilización, que en el caso de Cuba se respalda con millones de dólares.

Con la intención de provocar una “transición a la democracia”, o un “cambio de régimen”, en la Isla desde 1999 la USAID implementó un programa destinado a esos fines en Cuba.

En su estrategia contra La Habana, la USAID paga a medios de comunicación y periodistas para manipular y distorsionar la realidad cubana ante la opinión pública internacional, mientras infiltra y difunde información falsa dentro de Cuba.

Ante la falta de credibilidad y la inoperancia de Radio y Tv Martí, la USAID apostó por la Internet como su nuevo campo de acción, estableciendo un vínculo con Cubanet, uno de los primeros sitios emplazado en la red de redes para tratar de minar la credibilidad de Cuba.

Durante todos estos años el flujo financiero hacia Cubanet y otras plataformas digitales ha crecido. Documentos recién desclasificados indican que desde el 2005 se autorizó el envío de “fondos privados” a Cuba que no provenían de la USAID o de otra agencia estadounidense, para avanzar con los objetivos del Acuerdo con Cubanet y otras entidades. Bajo esa estrategia se trata de ocultar o disfrazar el flujo financiero para la propaganda anticubana, que tiene como receptores a Organizaciones No Gubernamentales, actores de la “sociedad civil” cubana, sitios de Internet, “periodistas independientes”, blogueros y otros voceros de la llamada “disidencia”.

El actual gobierno norteamericano ni por un segundo ha desechado su interés de hacer fracasar la Revolución cubana.

Ahora la estrategia se ajusta a las nuevas tecnologías, donde Internet se perfila como el nuevo campo de acción.

En su esfuerzo por deshacer el régimen político y social escogido por los cubanos, el imperio ha puesto sus ojos en la juventud, conocedor que es el principal receptor y usuario de las nuevas tecnologías de la información.

En esa estrategia hacen esfuerzos en tres líneas principales: crear una ciber-disidencia, establecer redes paralelas de trasmisión de datos y la formación de nuevas figuras con liderazgo que pueden en un momento movilizar masas.

Resultado de esa línea de subversión es el proyecto de desarrollo de blogs con un mensaje subversivo y contestatario, donde la figura de Yoani Sánchez se presenta como la cara más visible.

Con un soporte tecnológico amplio, reproducción múltiple en la red y amplio financiamiento, el proyecto de Generación Y actúa como locomotora de toda una estrategia al cual tratan de sumar otros blogs de igual corte, algunos redactados desde Cuba y otros fuera de las fronteras de la Isla.

Lanzada de la nada al “estrellato”, Yoani Sánchez también inaugura una nueva formula en el financiamiento de la contrarrevolución. Devenida en la más multipremiada bloguera del planeta, la entrega de esos galardones por las más diversas organizaciones, camuflaja el flujo de dinero para financiar esos planes desestabilizadores, esfuerzo donde no solo participa la SINA y al que se han sumado algunas representaciones diplomáticas de países occidentales radicadas en La Habana.

Paralelo con estos trajines subversivos, las agencias de inteligencia de Estados Unidos apuestan por crear redes de trasmisión de datos que violando las normas internacionales en ese campo, permitan trasmitir y recepcionar datos y materiales digitales sin pasar por el control del Estado cubano.

Inspirados en las llamadas “revoluciones de colores” donde mensajes y acciones desde la red fomentaron la subversión y crearon las condiciones para cambios políticos en determinados lugares, en Cuba están apostando por la creación de redes con tecnología de última generación y comunicación satelital, que puedan servir de soporte para la cibe-disidencia.

Empleando agentes que viajan a la Isla e introduciendo equipos de contrabando, el proyecto intenta hacer funcionar redes que garantice la conexión a Internet a los nuevos “opositores”, dotándolos de computadoras, equipos de conexión, teléfonos celulares y otros artefactos de moderna factura.

Conocedores del impacto que están teniendo las redes sociales en la comunicación contemporánea e insertada en toda esa estrategia de ciber-disidencia, también apuestan por colocar en las principales redes de ese tipo líneas de mensaje con intensiones políticas y subversivas. Hoy Facebook, Twitter y Youtube son escenario de un combate ideológico encaminado a desmontar a la Revolución cubana.

Sin renunciar a los viejos métodos y sin desechar a la vieja y desprestigiada disidencia cubana, el combate ideológico de hoy encuentra su nuevo escenario en la Internet donde se esta dando la nueva confrontación de ideas.

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