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Las redes sociales se van a la guerra

Colaboración de Rafael Cruz Fajardo

La solución a los problemas de Libia, será aplicada a otras naciones según han afirmado en varias ocasiones el señor presidente Obama -Premio Nobel de la Paz- y su par francés Nicolas Sarkozy. Ya sabemos como “resolvieron” el problema libio; a cañonazos. Manipulando a la ONU, con la guerra mediática por delante y las bombas detrás.

El periodista Rolando Segura, corresponsal de TeleSur en Libia durante la primera etapa de la invasión explicó en la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) cómo las redes sociales y la guerra mediática se ponen en función de satanizar y masacrar a un pueblo para calmar la ansiedad petrofágica de las multinacionales capitalistas. “Los tweets se convertían en arma criminal porque servían para dar las coordenadas de los bombardeos de la OTAN y se crearon perfiles e identidades falsas que favorecieran esas acciones, y se amenazaba a periodistas que estaban allí, y no parecía juego, sino algo relacionado con servicios especiales”, explicó Segura.

Es una práctica natural de las guerras Imperiales el uso de Fuerzas de Operaciones Especiales y de Guerra Psicológica, son las que llegan primero, enmascarados en el terreno y el contexto. Comienzan desde dentr la desestabilización del país que va a hacer agredido. En ese sentido, las redes sociales adquieren un nuevo uso, el de marcador de objetivos.

La tecnología pera señalar objetivos a destruir va desde los marcadores láseres, hasta los satelitales. Ahora, con un GPS y un celular, ambos se integran en el mismo equipo: un agente de los invasores triangula y luego twittea las coordenadas del sitio a destruir, luego, las bombas “inteligentes” hacen el resto. La pregunta es ¿Por que si hay tanta precisión se destruyen edificios civiles, hospitales, escuelas y se mata tanta gente inocente? Porque es a propósito, para que cunda el pánico, para desmoralizar al enemigo. No importa los civiles muertos, luego el jefe de turno en la OTAN dirá que no tiene información de esos muertos civiles, y los medios de comunicación al servicio de la guerra lo repetirán una y otra vez.

“La guerra fue primero mediática y después en el terreno militar. Fue una guerra psicológica, se lanzaron octavillas para que la gente se rindiera, se saboteó la entrada de agua, se cortó la electricidad y se dificultaba la llegada de alimentos a la población” continua explicando Rolando Segura, y sus anécdotas confirman como los Servicios Especiales y sus mercenarios van destruyendo las defensas desde adentro, y si el pueblo no está preparado para la defensa, como en el caso de Libia, las bajas en la población civil es alta. “Yo me imaginaba que en la guerra cuando viene el bombardeo, la gente va al refugio, allí había que confiar que en el lugar donde estabas no cayera la bomba”.

Los medios de prensa imperiales, deberían ser enjuiciados por crímenes de lesa humanidad junto a la OTAN y los presidentes de las naciones que la conforman. La acción de enmascarar y ocultar los crímenes de guerra, la manipulación desfachatada de los acontecimientos para generar un ambiente hostil contra los agredidos, o el uso de la tecnología para convertir la masacre en un reality show al estilo de las películas de Rambo, es un acto tan deleznable como si los editores de esos medios pulsaran los disparadores que sueltan las bombas o lanzan los cohetes. “La prensa maltrató mucho al pueblo libio, les hacía ver como salvajes, siendo personas muy hospitalarias, amables y con buen sentido del humor”, argumenta el corresponsal de guerra.

Si unimos los cabos aparentemente sueltos: la descarada negación que hacen las potencias al estado palestino, la defensa a ultranza de un gobierno agresor como el de Israel, los acontecimientos en Siria y en otros países árabes, la crisis económica que afecta al país que se sostiene por el dinero que mueve el Complejo Militar Industrial, el extremismo de la derecha en EEUU -el Tea Party o la presencia en el Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes de una fascista como Ileana Ross- el desborde de las redes sociales, las extraordinarias ganancias que obtiene la industria mediática imperial con las guerras; entonces, ningún estado del tercer mundo puede sentirse seguro, especialmente si su pueblo disiente de este estado de cosas o si contiene su país riquezas naturales o estratégicas que hacen salivar las mandíbulas llenas de dientes de las trasnacionales, quienes son, finalmente, los que deciden la próxima víctima.

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