¡Verdades de Cuba!

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Niños encadenados

Historias desgarradoras de la vida de niños marginados y explotados

Cuando el planeta transita por el siglo XXI de la Era Moderna, constituye una vergüenza para la humanidad que historias como las recogidas en este trabajo tengan lugar ante los ojos de gobiernos, políticos y gente que tienen en sus manos los destinos de millones de seres humanos.
Duras y desgarradoras son estas historias que reproduce ¡Verdades de Cuba! y que fueron publicadas de manera original por el blog Kurioso y que constituye una denuncia de las condiciones de miseria, explotación y abandono en que viven los niños en muchas partes, victimas de ese demencial sistema que llamamos Capitalismo.
Historias como estas no aparecen con frecuencia en los grandes medios de comunicación, los que prefieren miran hacia otros paisajes más alegres, dejando en la oscuridad y el olvido a estos niños, que aparecen como el futuro empeñado de la humanidad.
Perdidas en la llamada red de redes, todas las fotografías e historias que aquí se cuentan fueron sacadas de los más variados sitios de la Internet.
Bloqueada por cerca de medio siglo, agredida de diversa maneras y atacada con saña por la prensa capitalista con mentiras y campañas mediáticas sobre libertades políticas, democracia y derechos humanos, Cuba exhibe con orgullo a su niñez. Leer más de esta entrada

REFUNDAR AL CAPITALISMO MUNDIAL.

mundo-candela

Por: Raúl Menchaca López

Varios siglos necesitó el capitalismo para convertirse en un sistema global.
Varias décadas emplearon Marx y Engels en desmenuzar la esencia de ese sistema. Sin embargo, ahora una veintena de líderes emplearon apenas siete horas para hallar soluciones a una crisis que parece devastar al planeta de una punta a otra.
Divididos sobre los métodos, el intento de refundar a un capitalismo que viene de la nefasta experiencia neoliberal fue el único aglutinador del G-20, un foro multilateral fundado durante la crisis asiática de los años noventa del pasado siglo.
Pero en esa unión se vislumbraron bandos contrapuestos. Por un lado, Estados Unidos y, no podía ser otro, Gran Bretaña, impusieron un astronómico programa de estímulo. Desde otra trinchera, con Francia y Alemania en la escuadra de vanguardia, abogaban sin éxito por una reforma de los mercados.

BUSCANDO REMEDIO A LA CARRERA.

El G-20 concentra el noventa por ciento del Producto Bruto Mundial y el ochenta por ciento del comercio planetario.
Salvo China, que tiene una particular línea de desarrollo, todos los demás miembros son proclamada y abiertamente defensores del sistema capitalista. No obstante, algunos reclamaron en la Cumbre londinense medidas de corte neo-keynesiano para incrementar el control estatal sobre la economía.
Esa postura, aunque al final no triunfó, era impensada apenas dos años atrás, cuando el libre comercio reinaba al lado del trono del neoliberalismo.
Ante la crisis que se vaticina devastadora, el Estado, tan denigrado y ninguneado, es visto ahora como el salvador de un sistema que se fundó sobre la base de la más descarnada y feroz competencia comercial. Quién lo iba a decir.

CURA DE MERCUROCROMO.

La Cumbre del G-20 aprobó entregar al Fondo Monetario Internacional un millón de millones de dólares para enfrentar la actual crisis económica.
Anunciada a bombo y platillos, esa cifra astronómica y mareante, lejos de resolver la actual situación es apenas una cura de mercocurocromo.
Imprimir más dólares no va a resolver el problema de un planeta, que sufre por el renqueante funcionamiento actual del sistema capitalista.
Con apuradas reuniones selectas no se remedia lo que es evidente: el capitalismo ha dejado de funcionar, incluso para los más ricos.
Ante la crisis, que pone en riesgo la supervivencia de la Humanidad, habrá que replantearse entonces la continuidad de un sistema sustentado en la inequidad y el egoísmo, aunque algunos estén pensando en las vías para refundar el capitalismo mundial.

EL FIN DE UNA ERA DEL CAPITALISMO FINANCIERO: LA CRISIS DEL SIGLO

Por: Ignacio Ramonet
Le Monde Diplomatique

Los terremotos que sacudieron las Bolsas durante el pasado «septiembre negro» han precipitado el fin de una era del capitalismo. La arquitectura financiera internacional se ha tambaleado. Y el riesgo sistémico permanece. Nada volverá a ser como antes. Regresa el Estado.
El desplome de Wall Street es comparable, en la esfera financiera, a lo que representó, en el ámbito geopolítico, la caída del muro de Berlín. Un cambio de
mundo y un giro copernicano. Lo afirma Paul Samuelson, premio Nobel de economía : «Esta debacle es para el capitalismo lo que la caída de la URSS fue para el comunismo.» Se termina el período abierto en 1981 con la fórmula de Ronald Reagan: «El Estado no es la solución, es el problema.» Durante treinta años, los fundamentalistas del mercado repitieron que éste siempre tenía razón, que la globalización era sinónimo de felicidad, y que el capitalismo financiero edificaba el paraíso terrenal para todos. Se equivocaron.
La «edad de oro» de Wall Street se acabó. Y también una etapa de exuberancia y despilfarro representada por una aristocracia de banqueros de inversión, «amos del universo» denunciados por Tom Wolfe en La Hoguera de las vanidades (1987). Poseídos por una lógica de rentabilidad a corto plazo. Por la búsqueda de beneficios exorbitantes.
Dispuestos a todo para sacar ganancias: ventas en corto abusivas, manipulaciones, invención de instrumentos opacos, titulización de activos, contratos de cobertura de riesgos, hedge funds… La fiebre del provecho fácil se contagió a todo el planeta. Los mercados se sobrecalentaron, alimentados por un exceso de financiación que facilitó el alza de los precios.
La globalización condujo la economía mundial a tomar la forma de una economía de papel, virtual, inmaterial. La esfera financiera llegó a representar más de 250 billones de euros, o sea seis veces el montante de la riqueza real mundial. Y de golpe, esa gigantesca «burbuja» reventó. El desastre es de dimensiones apocalípticas. Más de 200 mil millones de euros se han esfumado. La banca de inversión ha sido borrada del mapa. Las cinco mayores entidades se desmoronaron: Lehman Brothers en bancarrota; Bear Stearns comprado, con la ayuda de la Reserva Federal (Fed), por Morgan Chase; Merril Lynch adquirido por Bank of America; y los dos últimos, Goldman Sachs y Morgan Stanley (en parte comprado por el japonés Mitsubishi UFJ), reconvertidos en simples bancos comerciales.
Toda la cadena de funcionamiento del aparato financiero ha colapsado. No sólo la banca de inversión, sino los bancos centrales, los sistemas de regulación, los bancos comerciales, las cajas de ahorros, las compañías de seguros, las agencias de calificación de riesgos (Standard&Poors, Moody’s, Fitch) y hasta las auditorías contables (Deloitte, Ernst&Young, PwC).
El naufragio no puede sorprender a nadie. El escándalo de las «hipotecas basura» era sabido de todos. Igual que el exceso de liquidez orientado a la especulación, y la explosión delirante de los precios de la vivienda. Todo esto ha sido denunciado –en estas columnas – desde hace tiempo. Sin que nadie se inmutase. Porque el crimen beneficiaba a muchos. Y se siguió afirmando que la empresa privada y el mercado lo arreglaban todo.
La administración del Presidente George W. Bush ha tenido que renegar de ese principio y recurrir, masivamente, a la intervención del Estado. Las principales entidades de crédito inmobiliario, Fannie Mae y Freddy Mac, han sido nacionalizadas. También lo ha sido el American International Group (AIG), la mayor compañia de seguros del mundo. Y el Secretario del Tesoro, Henry Paulson (expresidente de la banca Goldman Sachs…) ha propuesto un plan de rescate de las acciones «tóxicas» procedentes de las «hipotecas basura» (subprime) por un valor de unos 500 mil millones de euros, que también adelantará el Estado, o sea los contribuyentes.
Prueba del fracaso del sistema, estas intervenciones del Estado –las mayores, en volumen, de la historia económica- demuestran que los mercados no son capaces de regularse por sí mismos. Se han autodestruido por su propia voracidad. Además, se confirma una ley del cinismo neoliberal: se privatizan los beneficios pero se socializan las pérdidas. Se hace pagar a los pobres las excentricidades irracionales de los banqueros, y se les amenaza, en caso de que se nieguen a pagar, con empobrecerlos aún más.
Las autoridades norteamericanas acuden al rescate de los «banksters» («banquero gangster») a expensas de los ciudadanos. Hace unos meses, el Presidente Bush se negó a firmar una ley que ofrecía una cobertura médica a nueve millones de niños pobres por un costo de 4 mil millones de euros. Lo consideró un gasto inutil. Ahora, para salvar a los rufianes de Wall Street nada le parece suficiente. Socialismo para los ricos, y capitalismo salvaje para los pobres.
Este desastre ocurre en un momento de vacío teórico de las izquierdas. Las cuales no tienen «plan B» para sacar provecho del descalabro. En particular las de Europa, agarrotadas por el choque de la crisis. Cuando sería tiempo de refundación y de audacia.
¿Cuanto durará la crisis? «Veinte años si tenemos suerte, o menos de diez si las autoridades actúan con mano firme.» vaticina el editorialista neoliberal Martin Wolf (1). Si existiese una lógica política, este contexto debería favorecer la elección del demócrata Barack Obama (si no es asesinado) a la presidencia de Estados Unidos el 4 de noviembre próximo. Es probable que, como Franklin D. Roosevelt en 1930, el joven Presidente lance un nuevo «New Deal» basado en un neokeynesianismo que confirmará el retorno del Estado en la esfera económica. Y aportará por fin mayor justicia social a los ciudadanos. Se irá hacia un nuevo Bretton Woods. La etapa más salvaje e irracional de la globalización neoliberal habrá terminado.

Nota
1) Financial Times, Londres, 23 de septiembre de 2008

Admite Bush crítica situación de economía estadounidense
Estados Unidos camina hacia la recesión económica

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